«Aún suponiendo, padre, que no fueses»
Aún suponiendo,padre, que no fueses mi padre, y aunque fueses un extraño, por ti mismo lo mismo te querría. La mañana de invierno bien recuerdo en que al ver la primera violeta en la tapia de enfrente, a la ventana, nos diste tan contento la noticia. Después te echaste la escalera al hombro, saliste y en la tapia la apoyaste. A la ventana estábamos los niños.
Y de aquella otra vez también me acuerdo en que a mi hermana, muy pequeña entonces, perseguías por la casa amenazándola (la muy terca había hecho no sé qué). Al alcanzarla, pues chillaba fuerte llena de miedo, te faltó valor: te habías visto persiguiendo a tu hija, tan pequeñita y, ya tan asustada, al pecho la atraías vacilante, y haciéndole caricias la amparabas entre tus brazos para defenderla del malvado que habías sido antes. Aún suponiendo, padre, que no fueses, mi padre…
Camillo Sbarbaro
(De En voz muy baja)

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